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Mar

La generación que viene

Escrito el 16 marzo 2007 por en Desarrollo profesional

Miguel Delgado

Descubro a raíz de un artículo de Expansión & Empleo la palabra downshift. Parece ser que el downshifting es un concepto que refleja una nueva filosofía de vida -surgió en EEUU pero cada vez está cobrando más fuerza en Europa-, y se resume en la siguiente idea: las generaciones de hoy creen que “no compensa trabajar tantas horas porque lo que se obtiene a cambio es difícil de disfrutar.”

Según esta apreciación, los jóvenes de hoy, y los venideros, conforman una nueva generación que podríamos calificar como la Generación del Ocio, que se caracteriza porque sus miembros aspiran a menos en términos económicos o profesionales a cambio de más tiempo para dedicar al ocio. Es, por tanto, una generación cansada de la euforia materialista que impera hoy en día en los países más desarrollados. Y yo, personalmente, me identifico con ella.


Entro de lleno en la Generación Y, según afirma mi jefa, que sabe mucho de este tema. Y tengo muchas dudas e incertidumbres sobre mi futuro laboral, porque, sinceramente, no aspiro tanto a crecer como empleado porque le doy más importancia a crecer como persona. En mi opinión, hoy en día mucha gente aspira y se esfuerza por desarrollarse profesionalmente más por convención social –te lo impone la sociedad- que por convicción propia. Yo, sin embargo, tengo claro que aquí estamos para disfrutar, y que lo más importante de mi vida es ser una buena persona y disfrutar de los míos. El problema es que en la mayoría de los trabajos, los jóvenes como yo, no sentimos esa cercanía respecto a la empresa, no la sentimos nuestra –no es nuestra familia, ni nuestro ocio, ni nuestro amigo-. Vemos a la empresa tan sólo como un medio para obtener dinero, dinero que a su vez es el medio para alcanzar nuestra felicidad personal y ociosa. Pero el dinero no es mi meta. No soy muy ambicioso. Quizá soy una de esas personas raras o inadaptadas, o quizá haya muchos como yo. El caso es que disfruto mucho más leyendo un libro de Walt Whitman al sol –probarlo, leer a Whitman, sentir la vida-, que recibiendo un par de palmaditas en la espalda del jefe de sección por el estupendo trabajo que he realizado para la empresa. Empresa que no es la mía, puesto que la única empresa que me importa soy yo, mi felicidad y mi familia. Y la empresa de la empresa, valga la redundancia, es el dinero, no mi felicidad. Y si hace por mi felicidad, es por dinero, porque como todos sabemos bien, la gestión de los RRHH es un arma estratégica para producir más –dinero-.

Las empresas demandan empleados, pero lo que llegan, en muchos casos, son personas. Y estas personas, cada vez más, son menos ambiciosas profesionalmente que las generaciones pasadas. Así que algo falla. No soy yo el raro, o el único vago –como muchos pueden pensar-. Y creo que uno de los caminos más acertados para luchar contra esta tendencia es, como se comenta en el artículo de Expansión & Empleo, empezar a conciliar trabajo y ocio, acortando las jornadas laborales o flexibilizándolas mucho más, aunque esto suponga incluso una reducción de salario, porque hay cosas más importantes que el dinero. Por ejemplo, tú. Lo que pasa que todo cuesta dinero, y cada vez más. La economía avanza, pero los sueldos están estancados. Así que estamos pillados…

Vivimos en una “sociedad-máquina de producir deseos” –término del filósofo francés Gilles Deleuze-, es decir, una sociedad consumista en la que compramos miles de artículos que la mayoría de las veces son más que prescindibles para una vida plena. E incluso entrando en el juego consumista, todo el mundo sabe que cualquier producto que se oferta hoy en día nos vende placer. Lo paradójico es que lo compramos compulsivamente, y luego no tenemos tiempo para disfrutarlo. ¿Absurdo no? Pues en eso estamos. Cada vez queremos más dinero para comprar un placer que rara vez vamos a tener tiempo de disfrutar.

Yo tengo más objetivos personales e intelectuales que profesionales o económicos. En mi caso, sueño con ser escritor, no directivo. Y sueño con un mundo mejor, más solidario -a todos los niveles-, porque aún soy joven, rebelde y soñador. A ver cuánto me dura. Supongo que hasta que llegue el peso de la hipoteca o cuando lleguen los niños, lo que me convertirá en un trabajador más, sin más aspiraciones que el dinero. Y adiós al downshifting. Fue bonito mientras duró…

Nota del autor:

Cuando digo “empresa que no es la mía, puesto que la única empresa que me importa soy yo, mi felicidad y mi familia”, quizá sea egoísta, pero es que he crecido en un aura de protección y bienestar, con todas las facilidades; nos habéis malacostumbrado.

No porque vosotros hayáis sufrido una vida laboral mucho más dura y sacrificada tenemos que vivirla nosotros. El ojo por ojo deja a la humanidad ciega –lo decía Gandhi, y yo respeto a Gandhi-. Es como si aceptásemos de nuevo que se pegasen reglazos a los niños en el colegio. Yo creo que es mejor evolucionar a mejor.

Luchasteis por un mundo mejor para vuestros hijos, y ahora que lo tienen o aspiran a tenerlo, ¿cuál es el problema?

Comentarios

Jose Luis 21 marzo 2007 - 10:47

Estimado Miguel,
ciertamente tu artículo es digno de elogiar, estamos demasiado influenciados por el entorno socio-laboral y rara vez nos detenemos a pensar en lo que realmente queremos para nosotros y para nuestra vida futura. Suponemos que trabajo es a dinero como dinero es a felicidad pero en la sociedad en la que vivimos “tener dinero” no basta para conseguir el placer absoluto interior. La vida nos da innumerables cosas inmateriales que podemos disfrutar infinitamente, el trabajo es el factor determinante que convierte esos bienes interminables en escasos. Afortunadamente poco a poco las organizaciones empresariales van dándose cuenta de las ventajas implícitas que tiene la conciliación de la vida laboral y personal a la hora de incrementar la productividad de cada empleado. Creo que en un futuro será posible disfrutar del trabajo en lo que lo importante no serán las horas que se esté en la oficina sino el compromiso del trabajador para lograr los objetivos de la empresa y su voluntad para conseguirlos. Sólo tenemos que confiar en nosotros mismos pues es la puerta hacia el éxito.

Alejandro Siles 21 marzo 2007 - 13:56

Estimado Miguel:

Existe la generacion del ocio. El concepto es muy correcto. Recuerdo la publicidad de VW que decia “esto es solo una ilusion de la libertad” y hablaba de las vacaciones en EE.UU y que solo tenian dos semanas para disfrutarlas. En efecto no hay tiempo para gastar lo que se pueda ganar y es bueno tener la consideracion de vivir una vida más plena mientras se pueda. Mis diferencias con ese “modus vivendi” se basan en:

El que pueda haber una generacion como esta dependera a medio plazo en las maximas tecnologicas y de competitividad o proteccionismo en las que se encuentre esta parte del mundo en comparacion con las demas mucho más pobres. Dependera de cuanto tiempo puede aguantar el estado de bienestar Europeo con 35 a 40 horas semanales de trabajo, sin invertir lo suficiente en I+D, subvencionando agricultura , servicios sociales que pagan operaciones esteticas, parados que no quieren trabajar o servicios medicos universales para gente que no trabaja , depende o cotiza.

Existe un “BRIC” osea Brasil, Rusia India y China. Paises ademas de otros en el cual estos conceptos de generacion ociosa suenan a un cuento de Julio Verne y puede que sucedan en clases altas de la sociedad en esos mismos lugares llamados BRIC. La diferencia esta en que si la gente en estos lugares se cae saben que hay un abismo, que no hay albergues, que no hay paro y que no se puede mirar al precipicio y no puede haber tal “ociosidad”.

Esto es debido a que no existen las protecciones laborales ni sociales de Europa con las que cuenta la gente que se gasta un sueldo “mileurista” al mes, En solo una semana, en Ibiza o de copas por La Rioja. El mundo real esta fuera de Europa Occidental, EE.UU y Japon y la realidad muerde. Es por eso que aunque suene consumista, capitalista no comparto el concepto de la generacion de la que se habla porque no tiene bases solidas para ser duradero. Se pueden bajar de la parra rapido.

Makoto 21 marzo 2007 - 16:59

Por edad me corresponde estar es esa denominada “generación ocio”, creo. Pero no me siento identificada con el artículo. Mi problema no es que no me hayan protegido y dado todo lo necesario para ser feliz cuando era pequeña, no. Mi problema es que jamás me han dado nada sin que tuviera que ganármelo. Así que se que las bicis no caen de los árboles, los ordenadores no los traen los Reyes Magos y que todo en este mundo hay que trabajárselo. Por eso, porque soy consciente de que todo cuesta un esfuerzo, encuentro que me gusta trabajar.

La dicotomía trabajo-felicidad es muy latina. Es como si no fueran conceptos compatibles. Pero no es cierto. Puedo ser tan feliz trabajando como yendo al cine, lo único que hace falta es encontrar un trabajo interesante, apasionante, que te haga sentir bien.

De hecho soy tan tan rara que no me gusta que me den las cosas hechas, que todo sea demasiado fácil. Soy de las que creen que las victorias obtenidas con esfuerzo son las que más se aprecian, y eso me vale tanto para la vida profesional como para la privada.

¿Conciliar? Claro. Pero no a cualquier precio o demonizando el trabajo y diciendo que es algo malo que sólo sirve para ganar dinero. Eso es muy triste, y una forma de pensar así lleva directamente al diván del psiquiatra y a los antidepresivos.

Esta generación es el resultado de años de mimos y de niños malcriados por unos padres que querían dárselo todo y no traumatizarlos bajo ningún concepto. Somos los hijos de la moderna psicología infantil, y mira, hemos salido conciliadores, ya ves tú.

Miguel Delgado 22 marzo 2007 - 21:40

Tal como está el patio laboral español, lo que quería transmitir en mi artículo –de opinión- es que no por haber estudiado dos carreras, un master y no sé qué movidas más, tengas que ser por narices un joven emprendedor y ambicioso, y aspirar a directivo. De hecho, los jóvenes Y cada vez estamos más escépticos y desencantados con esa idea, porque -como decía en mi artículo- no compensa. Al menos, no compensa hasta que no se tomen las medidas necesarias y se adapten las nuevas políticas laborales y empresariales a los nuevos valores y percepciones Y, que serán el futuro del país. Por tanto, la gestión de los RRHH tiene mucho trabajo por delante para motivarnos y sacar lo mejor de nosotros, para que nosotros podamos poner lo mejor de nosotros al servicio de las empresas y del país.

Si te fijas, en mi artículo lo que afirmo lo afirmo en primera persona, y con coletillas como “yo creo” y “en mi opinión”. Es así porque mi intención no era la de transmitir verdades absolutas, sino la de mostrar sentimientos y sensaciones Y, pues como ya he dicho, según mi jefa –Cristina Simón- soy totalmente Y.

En mi caso, mi escepticismo y mi visión del trabajo y del dinero es tan desoladora porque es Y. Tú, aunque entres por rango de edad en la Generación Y, no parece que seas una muestra representativa de lo que no viene encima, de los jóvenes de hoy, el futuro de mañana. Eres una honrosa excepción, una especie de Babyboomer nacida dos décadas después de su contexto social. Lo digo por tu optimismo, por tus ganas de progreso, de emprender, de desarrollarte profesionalmente, de conseguir todo con mucho esfuerzo, porque claro, si te esfuerzas, compensa, siempre –lógicamente, no estoy de acuerdo, pues eso no pasa si no hay un feedback, una conexión emocional, una auténtica compensación y motivación-. Aprovecha tu ventaja competitiva, tu motivación y tu felicidad en el trabajo, y llega a directiva. Yo, por el momento, no quiero llegar a eso porque el panorama empresarial de hoy no me realiza, y me gustaría desarrollarme y llegar a directivo por convicción, no por convención. De eso hablaba mi artículo. Y como yo, muchos otros jóvenes que aunque tengan estudios universitarios y otros extras, no les compensa trabajar de ocho de la mañana a ocho de la tarde, existiendo la opción de bajar el listón profesional y ganar en salud. A eso yo le llamo inteligencia emocional. Los downshifters no son unos vagos, son gente práctica. Optando a trabajos más desenfadados y con jornadas laborales más cortas, es más que probable que consigas una relación familiar más plena, estés más tiempo con tu pareja e hijos, hagas deporte, comas mucho más sano, y tengas unos niveles de estrés mucho más bajos o inexistentes.

A mi me gustaría ser más emprendedor, explotar mi creatividad y mi potencial, pero no encuentro mi sitio, el camino. Y de momento disfruto y me realizo más con otras cosas –en mi caso, estudiando, leyendo, escribiendo, aprendiendo y creciendo como persona, no como empleado-. No creo que sea esquizofrenia. Es el mundo en que vivimos, que me está enseñando que al final va a ser mejor ser un trabajador de traje azul, con una existencia más sencilla y austera, sin tanta ambición y con más proyección en ámbitos no laborales. Por tanto, o la cosa cambia –las leyes laborales proteccionistas se suavizan, se pone en marcha una flexibilidad real, se reducen las jornadas con planes de compensación por objetivos…- o no compensa. Quizá suene a chantaje, pero somos el futuro, y se nos tendrá que tomar en cuenta antes o después. Es lo que hay. Es la Generación Y.

Quizá sea un niño mimado, no digo que no. Según Freud, “los niños mimados gozan de una confianza que les dura toda la vida. Esta cualidad irradia hacia fuera, atrayendo a los demás y, en un proceso circular, haciendo que la gente los mime aún más. Puesto que su espíritu y energía natural nunca han sido domados por unos padres que impusieran disciplina, de adultos son intrépidos y osados, y con frecuencia insolente o caraduras.” Quizá sea eso. Eso es muy Y.

Raquel Martín 29 marzo 2007 - 13:14

Estimado Miguel,
Me entusiasma la claridad, ímpetu y espontaneidad de tus opiniones, no obstante me gustaría apuntillar alguna cuestión.
Ya veo que te sientes muy “Y”, pero abanderar tus opiniones y generalizar es un poco atrevido. Está muy bien que nos des a conocer tu opinión, pero no sabemos si eres un “Y” representativo, por muy representativo que te sientas, porque tus amigos piensen cosas parecidas… eso es normal, dime con quien andas y te diré quien eres, que dicen. Y por la misma razón tampoco sabes si “Makoto” es o no representativa, tachándola de “honrosa excepción”. Si se llevara a cabo un estudio (encuesta representativa) de estos temas quizás te llevarías una sorpresa. Quiero decir que me parece estupendo que todos opinemos, pero si nuestras opiniones son o no representativas sólo lo podemos sostener con datos ¿Los tienes?
Haces una analogía en tu discurso que considero ficticia, asimilas el gusto por el trabajo con la persecución de ser directivo, no la entiendo. ¿Tú crees que todas las personas que se sienten a gusto con su trabajo están persiguiendo ser directivas?
Dices que existe la opción de “bajar el listón profesional y ganar en salud” ¿Es que el trabajar es una enfermedad? ¿Es que si te sientes a gusto desempeñando tu trabajo estás enfermo? ¿Es que si te esfuerzas por hacer bien tu trabajo eres un terminal?
También mencionas que “optando a trabajos más desenfadados y con jornadas laborales más cortas…” ¿Es esto que dices practicable, da para todos? ¿Trabajos desenfadados? ¿Me pones unos ejemplos?

Miguel Delgado 30 marzo 2007 - 12:59

No me queda más que darte la razón en casi todo, pues me pillas en todas, al no tener datos cuantitativos que avalen todo lo que afirmo. Aún así, contesto –o lo intento- a cada una de tus cuestiones:

Sé que aunque me sienta muy Y, no puedo demostrarlo objetivamente si no hay una estudio/encuesta/muestra realmente representativa sobre los valores Y. Sin embargo, mi atrevimiento y convencimiento de acierto sobre la representabilidad de lo que afirmo es tal, que me atrevería a decir –si se hiciese tal estudio, invito a que alguien lo haga- que mis afirmaciones encajan en más de un 70 por ciento con los resultados de dicho estudio; y apostaría dinero por ello.

Hago de la idea “llegar a directivo” una metáfora: representa la apología del trabajo en la que vivimos inmersos hoy en día, sobre todo en los ámbitos laborales empresariales o cualificados. Precisamente sobre este tema, recientemente se ha publicado en la Harvard Business Review un estudio llamado “Trabajo extremo”, y se refiere a cierto tipo de profesionales con unas claras características comunes: están bien remunerados, sí, pero trabajan más de 60 horas semanales –y pierden al menos una de desplazamiento diario-, están sometidos a una presión altísima, tienen un índice muy alto de responsabilidad –toman decisiones clave para la empresa-, en su entorno hay unos niveles de competitividad, innovación y conocimiento muy elevados, y se deben a la empresa por completo –gracias a la globalización y a la incorporación de las nuevas tecnologías-. Por tanto, la vida personal, por lógica, se resiente –pasa a un segundo o tercer plano-. Son vidas a disposición de la empresa. Y a algunos les compensa y/o son adictos al trabajo. Pero no todo el mundo es así. De ahí que utilice a los directivos como metáfora, porque es lo máximo. Representa ese afán de ascenso, ambición, poder y superación. Es la apología del trabajo a la que me refiero.

Cuando digo que existe la posibilidad de “bajar el listón profesional y ganar en salud”, me refiero a que, plantándote en un trabajo medianamente realizador y cómodo, seguramente “ganas comodidad emocional y pierdes comodidad material”, e interpreto la estabilidad emocional como saludable y la material como eso, sólo material –los objetos no tienen salud-.

Claro que quién se encuentre a gusto desempeñando su trabajo no está enfermo, pero probablemente quién se encuentre a gusto con su trabajo y a disgusto con su vida personal a consecuencia de su dedicación al trabajo, sí lo esté, porque no es una persona equilibrada emocionalmente –en todo caso, sólo profesionalmente, y sobre eso, también tengo mis dudas-. Puede ser que llene unas carencias o vacíos con el trabajo, evadiéndose de su realidad personal.

Considero “trabajos más desenfadados” aquellos trabajos cuyos soportes son la ficción, el ocio, la cultura y el entretenimiento –y no la política o la economía-. En mi opinión, la ficción da esperanza y la realidad es desoladora. Poner las noticias y contar el número de muertos o de mentiras políticas por periódico o telediario, y hacemos un gráfico en Excel. Yo, personalmente, no quiero más dosis de realidad. Sobre todo porque los medios hoy en día están manipuladísimos o “polanquizados”. El periodismo ya no es el cuarto poder, es el primero; ya no vela por los intereses de la sociedad, porque los periodistas de hoy son más políticos que los propios políticos. Sin embargo, la ficción ofrece esperanza porque es simbólica, y puede transmitir valores. Hay grandes narraciones de ficción en las que, claramente, el bien se impone al mal, pasando una serie de pruebas y dilemas éticos límite. Por eso, a mi me hace mejor persona ciertos libros, películas o incluso ciertas series de televisión que leer el periódico. Ya no quiero participar políticamente en la sociedad. Sólo quiero ayudar a la gente a divertirse, evadirse, disfrutar, y darla esperanza e ilusión. Y hay muchos trabajos con ese objetivo: dibujante de cómics, guionista de series televisivas o de películas, desarrollador de videojuegos, escritor, actor… Estos son los que a mí se me ocurren, a bote pronto, respecto a mi teoría de la ficción, pero hay muchos más trabajos desenfadados y no basados en la ficción, sino en los otros atributos de trabajo desenfadado: ocio, cultura, entretenimiento. Si entretiene, evade y culturiza, es desenfadado, porque aunque su máxima como empresa sea hacer dinero, no es sólo esa su razón de ser. O no debería serlo…

Estoy muy confundido, compañera. No sé dónde va a acabar todo esto: el mundo, yo, el resto…

Raquel Martin 30 marzo 2007 - 14:57

Bueno Miguel,

A pesar de darme la razón vuelves a tus anteriores argumentos, lo que denota tu posicionamiento en ellos y que estás muy convencido de lo que dices.

De cualquier forma estamos tratando un tema ligado a las percepciones, por lo que cualquier opinión es válida. Lo que sí me temo es que cambiarás tu opinión respecto a algunas cuestiones en unos años, cuando tu recorrido profesional vaya acumulando experiencias. Esto ocurre siempre.

Espero que consigas ese trabajo ligado a la ficción que hoy anhelas, pero que sepas que no estarás exento de presiones, displicencias… y de una forma u otra, la realidad se asomará a tu mundo de ilusión.

No sé si es muy inteligente acudir a la ficción para soportar la realidad, pero ya me contarás…

Makoto 1 abril 2007 - 13:53

Me encanta esto de la ficción para evadirse de la realidad. Y eso de que no querer implicarse en política. Lo que me estás diciendo es que nuestros políticos lo han hecho estupendamente bien. Han conseguido una generación que se preocupa más por “House” que por las leyes de educación, que sigue de cerca el “Tomate” pero que pasa de la economía.

Es mucho más fácil manipular a una masa de personas enganchadas a la evasión, en forma de botellón, de drogas, de series, de ocio, de entretenimiento, que a una masa de gente culta y comprometida.

Y aunque por edad me correspondería emborracharme todos los fines de semana y estar loca por evadirme de la realidad que me rodea, lo que me pasa es que me siento totalmente desplazada. Por favor, si la mayoría de la gente de mi edad parece salida de “Un mundo feliz”, de Huxley.

Dais un miedo…

corolina 13 abril 2007 - 16:24

“Maravilloso” copy-paste de un artículo que lleva ya un tiempo dando vueltas por Internet, que NO ha sido redactado por el IE. Ah, por cierto, maravillosa también la trampa que hacéis al pasar el artículo a primera persona, como si fuese el maravilloso becario del IE el que lo hubiera hecho… trampear, es lo típico que se enseña a los cachorros del IE, así salen después… Buhhh!

Diego 13 abril 2007 - 20:51

Ya veo que todo muy bonito en la nube azul, pero yo tampoco estoy de acuerdo del todo, tal vez por que tu opinión sea un poco un extremo.

A mi me gusta trabajar, me gusta mi trabajo y me siento agusto, no creo que “Makoto” sea tan rara, al menos ya somos dos raros. Si estoy de acuerdo contigo en el hecho de que estamos aquí para divertirnos, para disfrutar, para crecer como personas… ¿Es qué el trabajar está reñido con todo eso?

Disfruto en mi trabajo y crezco como persona, también me tomo mis cañas con los compañeros y jefe del trabajo, un hombre de esos de casi 60 en los que no te gustaría convertirte. Salgo de mi trabajo y tengo tiempo para divertirme, para leer, irme de vacaciones, de fin de semana.

Que todo eso de que los downshifters son gente práctica es muy bonito(ojo, no quiero decir que sean vagos) pero amigo, en el país de los sueños, las cosas tienen un precio… Tal vez sea que a mi tampoco me han dado las cosas demasiado masticadas y mis padres me enseñaron una valiosa lección, el dinero no llueve del cielo. Yo también sueño con un mundo mejor, aún soy joven (del 82), rebelde y soñador. También salgo el fin de semana a emborracharme. Pero el lunes por la mañana voy contento a trabajar, con la sensación de que me estoy ganando el dinero que me paga el piso, mis cosas.
Incluso en mi opinión el trabajo puede ser ocio si haces lo que te gusta. ¿En qué ocio te pagan por hacerlo?

A lo mejor por mi forma de pensar será que me valoran tanto en mi trabajo. Espero seguir siendo raro en comparación con vosotros y ser algo más que mileurista.

Para acabar con mi ladrillo, también recomiendo que te leas bien el tercer post que no está nada mal desencaminado. A ver el tiempo que se puede mantener todo esto de pensiones, sanidad y demás cosas. Pero el día que pase, si pasa eh! ojalá que no, espero no darme un golpe demasiado fuerte al caer desde la nube…..

Miguel Delgado 17 abril 2007 - 12:06

Corolina, si dejas comentario, déjalo con propiedad. Cuál es ese artículo que se supone que he copiado en plan copy-paste? Me pasas el enlace? Me intriga… Gracias.

Contraejemplo 28 abril 2007 - 00:31

Totalmente de acuerdo contigo, Miguel. Y cuando lleguen la casa o los hijos, aún habrá formas de seguir disfrutando de la vida por encima de las obligaciones “profesionales”.

Tenemos mucho más de lo que necesitamos y tenemos nuestra escala de valores trastocada o, más bien, olvidada.

Pero es muy difícil nada a contracorriente, ser un contraejemplo, ser la excepción en una sociedad que admira a los que se dejan la piel en el trabajo y no sabe valorar a los buenos padres.

Ayer despidieron a un compañero en mi empresa tras 13 de años de compromiso con la misma. ¿Crees que a mi empresa le dolió echarle? Ni un ápice. ¿Crees que mi empresa se irá a pique por haberle despedido? En absoluto. ¿Crees que le mereció la pena a este compañero sacrificarse durante 13 años por dicha empresa?

¡Saludos!

juan 13 enero 2008 - 23:19

Miguel, soy tambien partidario de tus conceptos.
Soy tambien conciente de nuestra ventaja como habitantes de paises desarrollados, donde podemos libremente pensar en descansar con lo producido, beber unos london gin tonics y disfrutar del ocio.
Creo que debemos como sociedad avanzada encaminar nuestra vida de un modo saludable y entendiendo la salud como un concepto global, que incluya la salud (física, social y económica) de nuestra familia, del prójimo y del mundo entero.
Es un camino muy largo pero creo que debe ser la próxima meta que la humanidad se puede proponer en su conjunto.
Y es muy importante poder gozar de la libertad de detenernos a disfrutar y así poder pensar en el otro.

maria 6 febrero 2008 - 01:34

Creo que por algo se habla desde sigolos y siglos en tratar de encontrar el punto medio.
NI ADICTOS AL TRABAJOS, ni vagos creo que a mi humilde entender Downshifting: es ir por ahí.

david summers 5 abril 2009 - 20:25

callense ya bola de jotos….en vez de estar perdiendo el tiempo en escribir articulos que la gente normal no entiende…deberian estarb haciendo ejercicio o con su familia de paseo…. jilipos

Drenaje Linfatico Madrid 9 septiembre 2015 - 13:36

Coincido con los compañeros que comentan sobre la importancia de no arriesgar la salud por temas laborables. La salud ante todo. Yo creo que todos los trabajadores necesitamos comprometernos al respecto. Aprender a diferenciar entre lo importante y lo urgente, es vital. Creo que todos debemos defender un entorno laboral saludable.

Carlos García
http://www.drenajelinfaticomadrid.es

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