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El techo de cristal

Escrito el 22 mayo 2007 por Elena Méndez Díaz-Villabella en Desarrollo profesional

Álvaro Pérez

En el foro de desarrollo profesional hemos debatido abiertamente sobre el techo de cristal. Y sí, es un tema espinoso donde los haya. Parece que cada vez hay más mujeres en puestos de responsabilidad en las empresas, pero no al ritmo que la sociedad demanda. ¿Por qué? Nuestros colaboradores tienen las más variadas opiniones: cultura machista difícil de cambiar, priorización de la vida personal sobre la profesional en el caso de las mujeres, tendencia a delegar en el Estado problemas de la propia pareja a la hora de compartir las “tareas del hogar”.

Tampoco hemos conseguido el consenso respecto a las famosas “cuotas”. Unos piensan que esto degrada o minusvalora el esfuerzo que conlleva llegar a ciertos puestos de responsabilidad. Sin embargo, otros colaboradores abogan por dar una oportunidad a este sistema ya que puede acelerar el proceso de incorporación de las mujeres a puestos directivos.

En cualquier caso, no es menos cierto que el techo de cristal está ligado a los problemas de conciliación entre vida laboral y personal que tenemos hoy en día. En este sentido, tan importante como las leyes de paridad, puede ser dotar a las mujeres y a los hombres de mecanismos que les permitan continuar con su progresión profesional, sin que ello signifique dejar de lado el cuidado de sus hijos o parientes más necesitados. ¿Lo conseguiremos?

En el foro podréis encontrar un resumen con los comentarios más sobresalientes.

Comentarios

José Sánchez-Alarcos 4 junio 2007 - 13:21

Estoy convencido de que una de las habilidades básicas para alguien que se dedique al área RRHH es su capacidad de “saltarse la mesa” y ver las cosas desde el punto de vista del otro.

Esta misma fórmula fue usada por los defensores de la limitación de las armas de fuego en U.S.A. en un magnífico anuncio en blanco y negro donde el texto decía algo así como “De acuerdo, Asociación Nacional del Rifle; ahora, véanlo desde nuestro punto de vista” y lo único que mostraban en el anuncio era el cañón de una pistola apuntando al que miraba el anuncio.

Las recetas simplistas no valen en este terreno. Es necesario hacerse una pregunta: “¿Quién paga?” y, para eso, nada mejor que plantearlo desde un supuesto:

Si una persona, sea del sexo que sea, tiene una jornada reducida está haciendo uso de un derecho. ¿Quién paga ese derecho? ¿Es justo que ese derecho recaiga sobre otras personas que SÍ tienen que renunciar a su vida familiar con viajes, jornadas más largas, etc.? Creo que no.

¿Es justo pedirle a una empresa que mire hacia otro lado y que ése sea un elemento que no entre en la ecuación tanto en selección como en promoción, etc.?

Hay determinados asuntos de los que no pueden hacerse cargo ni las personas a título particular ni las empresas sino que tienen un titular clarísimo y ése se llama Estado.

Sobre la discriminación positiva como solución me remito a lo escrito en http://factorhumano.wordpress.com/2007/05/15/las-discriminaciones-positivas/

Hay un responsable primario que es el Estado y debe responder a “¿Quién paga?”. No puede pagar económica ni profesionalmente la persona que se ve afectada por el “techo de cristal” ni tampoco quienes rodean a esa persona.

La receta “ultraliberal” que supondría dejar las cosas como están para que, en algún momento llegue un empresario avispado y se dé cuenta de que hay un colectivo muy cualificado pero mal tratado que representa una oportunidad para él sonaría mucho a lo que alguna de las grandes utopías del siglo XX han representado: Paraíso futuro a cambio del infierno actual.

No; ninguno de estos medios es válido. Aunque sólo sea por exclusión, ésta es una responsabilidad del Estado y ello significa que debe ser asumida económicamente por todos y no por los que se encuentren más cerca del problema.

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