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Gestión de la energía personal

Recuerdo que hace un tiempo el alcalde de Madrid, hablando sobre los demoledores atascos de esta ciudad, comentaba que hoy en día lo importante ya no es la distancia que se recorre, sino el tiempo que se tarda en llegar. Segovia ya está a 30 minutos de Atocha, nos da igual la traducción a kilómetros. Si el tiempo es razonable la distancia ya no nos parece tan importante.

Llevando una idea parecida al campo de lo personal, Harvard Business Review [1]acaba de publicar el artículo “Manage your Energy, not your Time”. En este caso se sugiere cambiar el paradigma de la gestión del tiempo por el de la energía. Porque además, el tiempo es un recurso finito… pero la energía ya no lo es tanto, dicen. El autor se califica como experto en gestión de la energía personal, y trabaja habitualmente con grupos de gestores de empresas para reconocer y hacer crecer la energía tanto individual como grupal.


Esta visión de la energía tiene cuatro dimensiones fundamentales: el cuerpo, las emociones, la mente y el espíritu. Ahí es nada, ¿eh? Estamos tan poco acostumbrados a ver este tipo de conceptos en el mundo empresarial que tememos que aparezca el tirador de cartas de tarot en el momento menos pensado . Sin embargo, ahí están, en Harvard Business Review nada más y nada menos…

El sistema que propone es interesante: cuidar el cuerpo –como ya nos vienen diciendo desde hace años en el plano personal-, conocer y controlar las propias emociones, utilizar nuestra mente con serenidad para canalizar adecuadamente la energía y finalmente hacernos congruentes con nuestros valores y forma de ser. Todo un decálogo para el humano del siglo XXI.

Ahora bien, la pregunta sería ¿deben las empresas invertir en este tipo de desarrollos tan ‘personales’? El artículo opina que sí, dado que mejorar la gestión de nuestra energía mejora nuestra productividad de manera extraordinaria, y además aparentemente ayuda al empleado también en su vida privada.

Sigo teniendo muchas dudas de que las empresas tengan que entrar en ámbitos personales del individuo, aunque aparentemente mejoren su felicidad general. Para mí el límite está en el coaching personal, que permite a cada uno encontrar su propio canal de energía y satisfacción. Pero en este caso, por ejemplo, el autor del artículo relata cómo un ejecutivo de Ernst&Young en USA empezó por renunciar a su vasito de vino de la cena –o equivalente americano- y adelantar su hora de ir a la cama, para así levantarse antes y energéticamente salir a hacer ejercicio cada mañana. Fenomenal… si es por convencimiento propio. Pero porque la empresa quiera dar una nueva vuelta de tuerca de productividad no creo que tengamos que convertirnos en un Gran Hermano –no el de Tele5, sino el de Huxley. Y a mí me da mucho miedo lo que algunas filosofías empresariales pueden hacer con el concepto de la energía personal… y ya no digamos del espíritu…