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¡Que vienen los chinos!

Igual es una coincidencia, pero en los últimos tiempos me han llegado diferentes comentarios en relación a nuestro futuro inmediato como trabajadores y la evolución de la China laboral. Los análisis coinciden: ya podemos ponernos a currar como descosidos, porque los chinos, que trabajan 24 * 7 * 365, van a ser el poder económico del futuro y, cuando vean que nosotros no sólo tenemos vacaciones y horarios sino también intentos de conciliación con frivolidades tales como la familia o las relaciones sociales, van a arrasar. Será nuestro fin. Así que tenemos que ponernos en marcha rápidamente no ya para competir -imposible-, sino para sobrevivir.


Me parece muy preocupante este argumento, por muchas razones. En primer lugar, porque está mezclando realidades muy distintas. Cualquiera que haya tenido la oportunidad de visitar China ha podido comprobar que efectivamente hay jornadas de 20 horas, pero en un tipo de empleo no cualificado y en muchísimos casos ilegal. De hecho, las jornadas de trabajo están empezando a reducirse y regularse dentro del marco legal, como resultado de la propia evolución social del país. Las señales indican que el tránsito que China quiere es desde su esquema hasta el nuestro, y no al contrario. Por otra parte, personalmente no advierto en los chinos el afán colonizador que nos ha caracterizado a muchos otros países en diferentes momentos de la historia: el carácter chino es amable y pacífico, aunque tengan sus sofisticaciones y preferencias como cualquier cultura –entre las que por supuesto se encuentra no dejarse colonizar-.

Existe todo un modelo de cómo evolucionan los países, la teoría de la modernidad, para la que el sociólogo de Michigan Ronald Inglehart [1], ha encontrado masivas evidencias empíricas con datos de tres cuartas partes del mundo. Básicamente, el modelo predice que el desarrollo económico genera inevitablemente un cambio cultural que dispara la probabilidad de que el ciudadano reclame autonomía personal, igualdad de género y democracia como sistema político. A medida que el país se desarrolla, el individuo cambia sus preferencias y quiere ser dueño de sí mismo. Y es una franca minoría –aunque existe- aquella que siendo dueña de sí misma no pretenda disponer de tiempo personal, o por lo menos de organizárselo a su aire, ganar capacidad de ocio y sentir que progresa y vive mejor.

El papel de la religión es muy relevante, desde luego. Las culturas muy apegadas a valores religiosos tradicionales son más reacias a este proceso… pero si echamos un ojo al mapa cultural del mundo [2]que el propio Inglehart ha desarrollado a lo largo de los años veremos que China no se encuentra en este grupo. O sea, que está preparándose para, una vez superadas sus penurias más elementales –que todavía tiene muchas- evolucionar como todos nosotros.

Así que ya podemos ir buscando otro sustito. A mí me gusta más el de la recesión, no sé, me da más miedo… y es que no puedo evitarlo, me caen muy bien los chinos, aunque se vayan a resistir a esto de la globalización. Si es que es lo que tienen las civilizaciones :-).