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Hacerse freelance a los 55

La revista Workforce [1]dedica un breve artículo a analizar cómo los profesionales de la generación babyboom parecen estar cambiando de modelos de relación laboral en Estados Unidos. Parece que existe una tendencia creciente en este colectivo a consolidarse como freelancers, reduciendo el número de horas de actividad y, sobre todo, ganando la capacidad de elegir los proyectos en los que quieren involucrarse.


Así, a bote pronto, me parece una idea excelente, y espero que haya mercado para su puesta en marcha en Europa. Es cierto que los profesionales de USA están más acostumbrados a esquemas de trabajo más arriesgados que los europeos, y supongo que ello influye en las decisiones de abandonar la compañía y establecerse por su cuenta que pueda adoptar un empleado senior. También creo que la sociedad americana está más libre de prejuicios que la nuestra, en el sentido de que los ciudadanos se sienten más individualmente responsables y hacedores de su futuro. La cultura europea posee un admirable sentido de la solidaridad intergeneracional que marca las políticas de gasto público en los sistemas de pensiones. Ello, sin embargo, puede generar un efecto perverso -paternalista- por el cual muchos trabajadores que pasan los 55 se dejan llevar resignados hasta el momento en que cumplan con sus deberes cotizadores y comiencen a percibir lo que les corresponde. Es otra visión del ciclo vital, que actualmente deja fuera de circulación a profesionales muy valiosos que simplemente siguen el destino social que han asumido desde niños.

De nuevo, la cuestión tan de moda de los grupos generacionales viene al caso en este tema. Da la impresión de que la generación X, la siguiente que se acerque a la jubilación, contemplará con otros ojos su “etapa dorada”. En primer lugar, porque son muchos y recurrentes los avisos a navegantes: no está claro que el sistema de pensiones aguante, lo cual nos da a los X otro marco de referencia. Por otra parte, la flexibilidad y la conciliación están aquí para quedarse y, tarde o temprano, nos harán salir del rígido esquema del asalariado a 40 horas semanales (:-), fuera del mercado –y a veces del mundo real-. Se vislumbran nuevas formas de trabajo, más abiertas a diferentes tipos de perfiles y experiencias, y centradas en la realización de proyectos concretos y no de contrataciones a largo plazo.

Cuando he comentado este tema con colegas, algunos expresan sus dudas: ¿cómo se gestiona la pensión de un trabajador que sigue en activo? ¿es factible un esquema de este estilo con la legislación actual de trabajadores autónomos? Imagino que llegado el caso habría soluciones legales para estas cuestiones. A mí casi lo que más me preocupa es que las empresas sepan percibir el valor de este tipo de trabajadores, o por lo menos que sepan diagnosticar su valía en las mismas condiciones que el de los demás. Las compañías suelen ser extremadamente conservadoras a la hora de contratar trabajadores fuera del estándar –tiempos parciales, personas de más de 45 años, etc. Éste es el mayor inconveniente para generar un mercado laboral abierto a iniciativas desde los propios profesionales. Una cuestión de futuro.