Parafraseando un conocido programa de Televisión, quiero compartir con vosotros una experiencia frustrante que viví con un cliente no hace mucho, y quiero hablar de algo que no ha salido bien porque lo más habitual es hablar de lo buenos que somos y de lo bien que nos sale todo... Un compañero del IE me decía que cada vez era más difícil escribir buenos casos para discutir en clase, porque a las empresas les gustaba cada vez menos "lavar la ropa en público"... Bueno al tema,
Históricamente los RRHH no han sido una disciplina en sí misma, sino más bien una práctica, una profesión, que se ha nutrido de conocimientos y experiencias de disciplinas variopintas como el derecho, la economía y la psicología. Esto se traduce en que existen aún conceptos vagos y difusos donde priman diferentes puntos de vista.
Afortunadamente, en las últimas décadas, han ido proliferando cursos de formación específicos que han adoptado forma de másters, seminarios, etc., que están dotando de un cuerpo técnico más preciso y elaborado a los RRHH.
No hay nada más desesperante que encontrarse con un directivo que no se da cuenta del impacto que producen en los demás.
Sin embargo no hay que ser directivo para pensar que uno es fantástico mientras los demás ven más fallos que fortalezas.
En el modelo de relaciones laborales actual se percibe un crecimiento de la tasa de rotación voluntaria producto, entre otros, de un patrón conductual diferente asociado a las nuevas generaciones.
Este hecho apunta a la necesidad de prestar una mayor atención a algunos indicadores de gestión de RRHH; uno de ellos es el coste de reemplazo.
A menudo comentamos en nuestras clases ejemplos y utilizamos casos para debatir sobre empresas exitosas, las analizamos y desmenuzamos de una forma muy ordenada y analítica para aprender y ayudar a entender qué es lo que han hecho para triunfar o incluso para fracasar. Es una herramienta muy útil para desarrollar el análisis, construir modelos, ver otras experiencias y aprender. Ahora bien,