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Hacer que se miren al espejo… o a la ventana (de Johari, claro)

No hay nada más desesperante que encontrarse con un directivo que no se da cuenta del impacto que producen en los demás.

Sin embargo no hay que ser directivo para pensar que uno es fantástico mientras los demás ven más fallos que fortalezas.

En demasiadas ocasiones nos encontramos con managers que nos dicen que no “entienden qué pasa” pero que su equipo no les sigue, que “no acaban de conectar”.

Está claro que la diversidad de las situaciones, equipos y momentos hacen que la gestión de personas sea siempre compleja, todo menos monótona y siempre sorprendente. Si pudiésemos ser todos perfectamente conscientes de nuestras fortalezas y debilidades probablemente todos haríamos mejor el trabajo y probablemente seríamos, además, más felices.

Pero no es fácil poner delante de cada uno un “espejo” y aunque haya fórmulas de todo tipo: feedback ascendente, 360º, perspicacia personal etc la parte más difícil es aceptar lo que los demás ven de nosotros…y no es bueno.

 

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Yo uso en mis conversaciones muy habitualmente la ventana de Johari [2], aunque no es fácil sacarnos a las personas de la realidad que nosotros vivimos y entender que la realidad probablemente sea una mezcla (nunca bien ponderada) entre lo que los demás ven, lo que nosotros pensamos que ven, y lo que nos gustarían que vieran. 

Sin embargo en este mundo plagado de ficciones y artificios, hemos de lograr que las personas entiendan que de verdad tienen que cambiar las cosas, y no tirar de trucos solamente (aunque estos ayudan a cambiar algunas inercias) ya que hay en juego algo mucho más importante que tener éxito en lo profesional: ayudar a las personas sobre las que tienes responsabilidad a que alcancen su potencial.