Archivo de septiembre/2008

29
Sep

El talento que tenemos… y el que queremos…

Escrito el 29 septiembre 2008 por Cristina Simón en Desarrollo profesional

Parece que por fin se completan los pasos desde la Unión Europea para la captación y gestión del talento cualificado. Los ministros comunitarios de Trabajo e Interior acaban de firmar el acuerdo para la expedición de la ‘Tarjeta Azul’, que permitirá a inmigrantes con cualificación profesional residir legalmente y eventualmente establecerse con sus familias en sus lugares de trabajo en cualquier país de Europa.

Nunca he entendido por qué la timidez extrema en desarrollar medidas de este tipo. Por nuestras aulas del IE desfilan cada año cientos de jóvenes de otras nacionalidades con una excelente formación y, lo que es más importante, con competencias de empleabilidad como los idiomas, la iniciativa, disponibilidad y ganas de viajar y entrar en programas de movilidad, etc. En España no hemos sido capaces de desarrollar estas competencias entre nuestros jóvenes. 

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22
Sep

Sobre la urgencia y el rendimiento

Escrito el 22 septiembre 2008 por Cristina Simón en Varios

Acaba de salir al mercado el nuevo libro de John Kotter, ‘A sense of Urgency’. Al escuchar su definición del concepto de urgencia y sus teorías en este sentido, recordé lo importante que podría ser para el mundo de la empresa recuperar las esencias de la naturaleza de las personas y cómo hay ideas que, siendo sugerentes y atractivas para el mundo de los negocios, pueden ir contra la línea de flotación del comportamiento que queremos conseguir.

Aunque el autor se esfuerza por matizar el término en el sentido de ‘actitud de atención a las oportunidades y actuar con celeridad para aprovecharlas’, creo que el término ‘urgencia’ habla por sí mismo. La sensación de urgencia pone nuestro cerebro automáticamente en alerta y dispara y mantiene un estado de activación (conocido como arousal) que dispara los sentidos y pone al individuo en guardia. Este estado de activación desencadena todo un conjunto de reacciones fisiológicas y hormonales, y entre otras cosas eleva la tensión arterial.

Nuestro cerebro ha desarrollado y perfeccionado a lo largo del tiempo sus estados de activación para prepararnos y ser más eficientes ante necesidades básicas de la especie, como la búsqueda de alimento, la reproducción o la defensa antes los agresores. Pero evidentemente estas reacciones no están pensadas para ser mantenidas de forma indefinida o durante largos espacios de tiempo. Generan agotamiento y estados de sobreexcitación, con los consiguientes efectos secundarios que ya son habituales en nuestra vida cotidiana: el estrés a la orden del día.

De hecho, la Psicología ha estudiado a fondo este fenómeno y su relación concreta con el rendimiento de la persona. Si bien es necesario un cierto nivel de activación para conseguir un punto de eficacia en las tareas que se desarrollen, la sobreactivación origina respuestas altamente disfuncionales. Como puede observarse en la figura que representa esta ‘curva de arousal’, el punto de inflexión es bastante delicado de conseguir.

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Por lo tanto, la actitud de urgencia -matizaciones de gurú empresarial aparte-, lejos de conseguir eficacia genera estrés, pánico y agresividad, respuestas todas ellas lógicas en un contexto de ‘leña al mono’ permanente.

A mí personalmente me gustaría recuperar para la causa algunos verbos tales como, ‘reflexionar’, ‘meditar’ o incluso ‘saborear’. Creo que reflejan actitudes muy propias de la especie humana, y que sin ellas -por supuesto unidas a este estado idóneo de arousal- no hubiéramos conseguido los niveles de progreso que ahora disfrutamos. Ya entiendo que en el lenguaje de la empresa no cuadran bien, y que esto de la urgencia vende mucho más. Pero en un contexto en el que las personas cada vez tienen más importancia para competir convendría conocer bien el recurso que tenemos que gestionar, y no intentar encajarlo en una lógica que le es antinatural.

16
Sep

Igualdad y trabajo a tiempo parcial: ¿por qué no?

Escrito el 16 septiembre 2008 por Cristina Simón en Uncategorized

Estos inicios del curso escolar suelen ir acompañados de múltiples noticias y debates acerca de la evolución del rol de la familia, la crianza y la relación con los hijos. En general el argumento de base que subyace es que los niños están cada vez más abandonados en sus casas, aunque el abandono sea de lujo y protagonizado por la TV, la consola de videojuegos o la interna contratada a los efectos. Evidentemente, si bien no se dice de forma explícita, la culpa debe recaer sobre las madres, que somos quienes hemos experimentado un cambio de rol en los últimos años; los padres han sido siempre los garantes de la economía familiar, lo que les ha venido ocupando siempre el mismo tiempo fuera de casa.
Las medidas que se vienen adoptando en los últimos años, aunque revestidas de modernidad y seguramente necesarias, son insuficientes desde mi punto de vista para resolver este problema. Creo que a estas alturas la incorporación de la mujer al mundo laboral ya no es discutible -con lo cual las llamadas a la ‘pata quebrada’ que se oyen por algunos sitios no deberían merecer crédito alguno. Digo esto porque es una de las alternativas al problema antes mencionado… o a lo mejor no. No sé cuántos de nosotros -generación X- recordamos a nuestras madres una media de 1,5-2 horas sentadas con nosotros ayudándonos en los deberes, o echando el resto para optimizar el diálogo y explicarnos los misterios de la vida, o negociando cada minuto de convivencia. Como decía recientemente un columnista, los padres nos hemos convertido en los ‘parques temáticos’ de nuestros hijos, lo cual contrasta vivamente con esta supuesta idea de abandono.

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