Acaba de salir al mercado el nuevo libro de
John Kotter, 'A sense of Urgency'. Al escuchar su definición del concepto de urgencia y sus teorías en este sentido, recordé lo importante que podría ser para el mundo de la empresa recuperar las esencias de la naturaleza de las personas y cómo hay ideas que, siendo sugerentes y atractivas para el mundo de los negocios, pueden ir contra la línea de flotación del comportamiento que queremos conseguir.
Aunque el autor se esfuerza por matizar el término en el sentido de 'actitud de atención a las oportunidades y actuar con celeridad para aprovecharlas', creo que el término 'urgencia' habla por sí mismo. La sensación de urgencia pone nuestro cerebro automáticamente en alerta y dispara y mantiene un estado de activación (conocido como arousal) que dispara los sentidos y pone al individuo en guardia. Este estado de activación desencadena todo un conjunto de reacciones fisiológicas y hormonales, y entre otras cosas eleva la tensión arterial.
Nuestro cerebro ha desarrollado y perfeccionado a lo largo del tiempo sus estados de activación para prepararnos y ser más eficientes ante necesidades básicas de la especie, como la búsqueda de alimento, la reproducción o la defensa antes los agresores. Pero evidentemente estas reacciones no están pensadas para ser mantenidas de forma indefinida o durante largos espacios de tiempo. Generan agotamiento y estados de sobreexcitación, con los consiguientes efectos secundarios que ya son habituales en nuestra vida cotidiana: el estrés a la orden del día.
De hecho, la Psicología ha estudiado a fondo este fenómeno y su relación concreta con el rendimiento de la persona. Si bien es necesario un cierto nivel de activación para conseguir un punto de eficacia en las tareas que se desarrollen, la sobreactivación origina respuestas altamente disfuncionales. Como puede observarse en la figura que representa esta 'curva de arousal', el punto de inflexión es bastante delicado de conseguir.

Por lo tanto, la actitud de urgencia -matizaciones de gurú empresarial aparte-, lejos de conseguir eficacia genera estrés, pánico y agresividad, respuestas todas ellas lógicas en un contexto de 'leña al mono' permanente.
A mí personalmente me gustaría recuperar para la causa algunos verbos tales como, 'reflexionar', 'meditar' o incluso 'saborear'. Creo que reflejan actitudes muy propias de la especie humana, y que sin ellas -por supuesto unidas a este estado idóneo de arousal- no hubiéramos conseguido los niveles de progreso que ahora disfrutamos. Ya entiendo que en el lenguaje de la empresa no cuadran bien, y que esto de la urgencia vende mucho más. Pero en un contexto en el que las personas cada vez tienen más importancia para competir convendría conocer bien el recurso que tenemos que gestionar, y no intentar encajarlo en una lógica que le es antinatural.
Es más, la urgencia y el estrés genera una atención muy focalizada en la persona y no permite notar que más ocurre en estas situaciones. Esto puede dar lugar, entre otras cosas, a una falta de desarrollo de la persona y por lo tanto una incidencia negativa a largo plazo en el rendimiento.
Hola Cristina,
Discrepo de Mr. Kotter y creo que mucho más efectivo que el sentido de urgencia, sobre todo a medio y largo plazo, es lo que David Allen denomina estado de "alerta perfecta", donde las reacciones se adecuan al estímulo.
Además de ser un estado mucho más acorde con la naturaleza humana, ofrece el contexto ideal para la reflexión, la meditación e incluso el "saboreo".
JM
Dante decía que siempre hay un infierno peor...y, en este caso, el infierno peor puede consistir en pasar alternativamente de los periodos de baja activación a los periodos de muy elevada activación, es decir, trabajos donde uno se mantiene sistemáticamente fuera del punto de rendimiento óptimo.
Éste es uno de los "regalos" que produce la introducción de la automatización en algunas actividades -no demos muchas pistas para tranquilidad del respetable :-)- de modo que, si todo funciona bien, hay muy poca carga de trabajo pero un fallo o cambios de última hora pueden convertir la situación en un infierno que no se sabe de dónde ha salido.
Ni siquiera es aplicar a la carga de trabajo la vieja lógica de "yo me como dos pollos y tú ninguno y la estadística dice que nos hemos comido uno cada uno"; es aún peor porque es pasar del hambre atroz al atracón sin solución de continuidad.
en el dia a dia estoy completamente de acuerdo en conseguir estres a traves de la presion y aumentar la eficacia con el panico y la agresividad, sobretodo en momentos puntuales porque si persiste puede dar lugar a depresiones y malor habitos en la empresa.
creo firmemente que el estres es necesario para que el trabajador de un buen rendimiento, pro lo que con el articulo estoy de acuerdo a medias.
un saludo
No puedo estar más de acuerdo José Miguel. Es mucho más inteligente el concepto de "alerta perfecta" que el de "urgencia constante". La urgencia en cierta medida es un término al que se le podría aplicar la fabula del pastor y el lobo...si abusas acaba perdiendo su efectividad.