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Gestores de atención ‘continuamente parcial’

Cristina Simón

Una de las ideas que según la prestigiosa Harvard Business Review [1] hay que incorporar a nuestro análisis de la realidad empresarial es la evolución en nuestra forma de pensar, y en concreto, de prestar atención a las tareas del día a día. La proliferación de móviles y PDAs [2] con todo tipo de ruiditos, vibraciones y avisos de llegada de información nueva nos está haciendo entrar en un tipo de comportamiento denominado atención parcial continua [3] (APC [3], CPA en inglés). El fenómeno resulta fascinante para los psicólogos, y tiene importantes implicaciones para la eficacia de muchas de las dinámicas de recursos humanos.

No tenemos más que sentarnos con una visita u observar cualquier reunión con curiosidad científica para observar a la APC en acción. Se arranca con el ritual de contemplación sincronizada del móvil por parte de los asistentes, en algunos casos para silenciarlo –rara vez apagarlo, nunca se sabe el fundamental asunto que podemos perdernos-, en otros muchos para colocarlo sobre la mesa, en lugar visible, a modo de amenaza de que cualquier mínima señal emitida por el aparatito reclamará inmediatamente nuestra atención, no importa la relevancia de lo que se esté tratando en la conversación… a partir de este momento ya podemos identificar los diferentes estilos cuando empiezan a sonar: ojeada rápida y distraída, exploración del sonido con navegación por los menús incluida si el invento tiene incorporado e-mail, salto rápido del asiento y comienzo del paseíllo mientras se habla… todo ello con la consiguiente pérdida de atención sobre el tema de la conversación en cuestión, que se interrumpe y retoma a la misma velocidad al cabo del tiempo como si no hubiera pasado nada. Esto, ni más ni menos, es la atención parcial continua.


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Como bien señala la generadora de la idea –Linda Stone [3], una ex ejecutiva de Apple [4] y Microsoft [5]– APC surge del ansia por no perdernos nada y estar en cada momento perfectamente actualizados, al crearnos la tecnología una ilusión de poder estar siempre conectados. Creo que Stone es poco consistente en sus conclusiones: por una parte afirma que el estilo APC no es ni bueno ni malo, pero a continuación hace referencia al desbordamiento de información y la incapacidad que genera para tomar decisiones, o a lo que llama ‘la tiranía de las múltiples opciones tentadoras’… en fin, cuando menos un agobio para el sufrido profesional actualizado…

Personalmente me irrita sobremanera la permanente interrupción de todos estos aparatos, la sensación que generan de que somos incapaces de sosegarnos. Por otra parte, está la trampa de la flexibilidad aparente. Parecería que todos estos aparatos nos aportan flexibilidad, pero sentimos la necesidad de estar más pendientes que nunca, no sea que –en esta cultura nuestra tan de permanencia- se nos tache de estar desaparecidos.

En fin, que APC puede resultar demoledor en algunos contextos, en los que la concentración es fundamental para conseguir resultados. Ya cuesta trabajo conseguir que se apaguen los móviles durante una sesión de formación directiva, pero todavía es más grave imaginar una entrevista de objetivos o revisión de desempeño en el despacho del jefe con el ‘tirirí’ de llegada de e-mail, el teléfono fijo, el móvil… una comunicación eficaz requiere atención enfocada al objetivo y la calidad del resultado. Y ya no digamos nada la toma de una decisión…