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May

La empresa, el empleado y el dueño

Escrito el 3 mayo 2007 por Cristina Simón en Gestión Empresarial

Cristina Simón

Uno de los gurús más sólidos en su defensa de las personas como recursos clave en la empresa, el profesor de Stanford, Jeffrey Pfeffer, publica un artículo en la revista Business 2.0, “Why it Pays to be Private”, en el que llama la atención sobre el creciente número de empresas americanas que deciden dejar de cotizar en bolsa en los últimos años. Aunque el número reportado no parece muy alto (40 compañías han abandonado el contexto bursátil desde 2003 –no sabemos cuántas se han iniciado en él como contrapartida), sí puede ser indicativo de una cierta toma de conciencia de que los inconvenientes pueden superar a las ventajas en el caso de algunas empresas.

Entre las razones que parecen inspirar este cambio, se encuentran dos muy relacionadas con el mundo de las personas:


La primera tiene que ver con la incapacidad de tomar decisiones y ejecutar acciones con el largo plazo como referencia. El ‘q’ (trimestre) y los resultados a corto impiden que decisiones más estratégicas puedan ni siquiera plantearse. Uno de los ejecutivos de estas compañías mencionaba su incapacidad para contratar comerciales para mejorar la cobertura del mercado sobre uno de sus productos con más potencial, al sobrecargar los costes laborales y reducir así los resultados del famoso ‘q’. Así de triste.

La otra razón, de tipo más personal entre los altos ejecutivos, es la percepción de que su trabajo diario guarda muy poca relación con el negocio que se supone que manejan. Reuniones y exámenes permanentes ante los analistas, presentaciones financieras interminables ante los posibles accionistas…, sin tocar fuego real del trabajo diario.

Personalmente me consuela pensar que la sensación de alienación que muchas veces perciben los empleados con respecto a sus empresas, la distancia enorme entre ‘mi trabajo y lo que hace la empresa’ alcance también a sus máximos directivos. La ventaja es que su reacción sí genera un efecto: Goldman Sachs reportó que en el primer período de 2006 las operaciones de adquisición apalancada (compra de la compañía con una pequeña cantidad de fondos propios y con ayuda de socios externos) se dispararon hasta un 50% más que en 2005, con unas 2.000 compañías controladas por firmas de capital riesgo.

Aunque todo esto nos desborda rápidamente a los no financieros, si recabamos algunas datos parece que este tipo de propiedad de la empresa parece de entrada más beneficioso para el empleado que la participación en bolsa. Por ejemplo, el blog del diario El Economista en su entrada del 1 de Marzo “¿Mejoran las empresas con el capital riesgo?”, señala que los volúmenes de crecimiento en la contratación de personal son mucho mayores (más del 14% anual frente al 5,7%). Otro dato importante es que se estima que este tipo de empresas planifican a 4-5 años vista, puesto que aparentemente las inversiones suelen durar hasta 7 años. En dicho blog se menciona como una desventaja…, pero al lado de los 3 meses del ‘q’, cuatro años parece un horizonte increíble…

Pfeffer termina su columna expresando preocupación por las consecuencias para la economía que podría tener una tendencia acusada a abandonar ‘el parqué’ por parte de las empresas, entre ellas la pérdida de competitividad para el país. En fin, si en general nunca llueve a gusto de todos, en este mundo globalizado la cosa ya es preocupante…

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