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La nueva revolución femenina

Cristina Simón

El papel de las mujeres en el mundo laboral ha estado en entredicho desde siempre. Tras unas cuantas décadas de empujones con nosotras mismas y el resto del mercado laboral, se ha generado la inserción de una masa crítica de mujeres en entornos laborales de alta cualificación (en los de baja llevamos ya unos siglos currando pero esto no parece estorbar a nadie). Los orígenes están en lo que en su momento se denominó ‘la revolución femenina’.

¿Qué ha sido de aquello? El movimiento social tan prometedor de los 70s en USA debería haber dado unos ciertos frutos que no terminan de verse. En 2003 la autora Lisa Belkin publicó un estudio que demostraba que las mujeres habían hecho lo más difícil –conseguir una cualificación y abrirse paso en las escalas empresariales-, pero se identificaba un enorme porcentaje que, una vez preparadas para el salto a las altas escalas directivas, decidían voluntariamente abandonar la carrera. Belkin denomina a este fenómeno opt-out revolution [1].

Lo interesante de este planteamiento es que si seguimos su lógica descubriremos que podemos estar equivocados en todo el análisis del techo de cristal y la discriminación femenina. Parece ser que lo que se produce es un abandono más voluntario de lo que se ha pensado. No es tanto una rendición ante las muchas cáscaras de plátano puestas intencionalmente por los hombres (aunque no hay que restar mérito al argumento ;-)), sino un puro desencuentro de intereses. Simplemente, el proceso de ascender, tal como está planteado en las empresas actuales, no resulta motivador para la personalidad femenina. Es lógico, por otra parte, si hacemos caso al fascinante estudio de la Dra. Brizendine El Cerebro Femenino [2]. La propia biología aporta explicaciones de muchas de las –grandes- diferencias entre géneros. Ni mejores ni peores, simplemente diferentes.

Lo que sí se produce es una evidentísima pérdida de talento, aunque lo entendamos en términos puramente de ‘headcount’ y no de conocimiento organizativo. ¿Qué puede hacerse? Las organizaciones y el mundo de la empresa son puramente masculinos en su naturaleza, han sido creados por hombres y lógicamente reflejan su estilo, la forma en la que entienden el mundo y el progreso. Y esta transición a otra forma de contemplar la vida no es nada fácil.

Es muy posible que esto sea el comienzo real de una nueva revolución. Una alumna me sugería el otro día que está notando que lo que se produce no es una renuncia a la vida profesional, sino que muchas mujeres inician una nueva actividad como autónomas, montando sus propios negocios bajo las condiciones que les permiten llevar la vida que realmente quieren. La inquietud profesional sigue ahí, pero no a costa de cualquier cosa.

Debo decir con ‘orgullo de género’ que está muy demostrado que, como norma general, las mujeres somos menos partidarias del cortoplacismo y más de la sostenibilidad. No en vano somos ancestralmente responsables de sacar una familia adelante, no tanto en términos materiales –que también cuando hace falta- sino como ejes del mantenimiento de las relaciones familiares, los vínculos afectivos… y la imprescindible logística, debo añadir. Brizendine mantiene que esta labor histórica ha impreso carácter, y que determina la personalidad femenina con independencia de que estemos más orientadas a la familia o al ámbito profesional. Esperemos que esta visión del mundo cale con el tiempo en el contexto de los negocios, seguro que todos –todos- saldríamos ganando.