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Microblogs… o el paso atrás en la evolución cerebral

Escrito el 10 marzo 2008 por Cristina Simón en Uncategorized

El siglo XXI está poniendo a nuestra disposición todo un conjunto de herramientas potentísimas que nos permiten optimizar aquellos aspectos de nuestra naturaleza humana que realmente aportan valor al mundo profesional. Un claro ejemplo de ello son los recientemente fabricados robots que operan dirigidos de forma remota por un médico. La conjunción entre lo más valioso de la tecnología –la precisión matemática y el mantenimiento de un ritmo y exactitud sin errores- y del capital humano –la experiencia y conocimentos del cirujano tras una dilatada carrera- puede llegar a producir resultados milagrosos. Personalmente me da mucho gusto leer estas noticias, que muestran cómo la tecnología compensa nuestras deficiencias y realza nuestro potencial en pro de nuestro bienestar.

Pero, como tales herramientas, las tecnologías pueden ser buenas o nocivas según cómo o para qué se usen. Me ha venido esta idea a la cabeza tras leer una entrevista al creador de Twitter, un microblog –algo así como un blog de texto en tiempo real que sus autores utilizan para ir sintetizando en frases breves y muy frecuentes (el máximo permitido es 140 caracteres) lo que están haciendo en cada momento y compartirlo en la red. No es infrecuente encontrar frases del tipo “entro en el taxi” “pido un menú especial”, o “voy al servicio”.


Una de las teorías básicas sobre el funcionamiento de nuestro cerebro, llamada teoría de economía de recursos cognitivos, nos dice que uno de los rasgos evolutivos más importantes es que los humanos dejamos de utilizar capacidad cerebral en aquellas cosas que no nos aportan valor convirtiendo esas acciones en rutinas, que son inconscientes, tareas automatizadas. Lavarnos los dientes, hacer nuestras necesidades, la mayor parte de nuestros movimientos… nos volveríamos locos si tuviéramos que tomar todas estas decisiones de forma consciente. El cerebro solamente deja para nuestro mundo consciente lo que realmente es relevante y nos aporta valor.

Pues hete aquí que Twitter traslada al terreno de la consciencia todas estas cosas, puesto que hay que enviarlas a este plano para poder conectarse y escribir la frase correspondiente. O sea, un verdadero desperdicio para el cerebro. El despropósito tendría explicación a la luz de la utilidad social de compartir estas tareas, tan secundarias en nuestras vidas, así que aquí va la siguiente pregunta: ¿a quién le puede interesar nuestra propia rutina? El creador de Twitter dice que este material es de especial interés para pocas personas, pero que son las más importantes de su vida, como su madre. Visto lo visto, yo he llamado a la mía para preguntarle si le interesaría saber en todo momento lo que hago a estos niveles de detalle, y me ha dicho que ella, con saber que estamos todos bien, ya tiene bastante. Suficiente, creo, dado que en su momento mi propia madre se enganchó a Skype para comunicarse conmigo cuando estaba en USA –he aquí otro ejemplo de tecnología útil donde las haya.

En fin, que hay que tener mucho cuidado con las aplicaciones tecnológicas que van apareciendo, porque pueden llegar a ser letales. Lejos de las acusaciones de narcisismo patológico que los críticos lanzan contra los microbloggers –cada uno que haga con su tiempo y su cerebro lo que quiera-, lo cierto es que no todo lo que se hace dentro de la tecnología –y especialmente en Internet- es interesante per se.

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