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Igualdad y trabajo a tiempo parcial: ¿por qué no?

Escrito el 16 septiembre 2008 por Cristina Simón en Uncategorized

Estos inicios del curso escolar suelen ir acompañados de múltiples noticias y debates acerca de la evolución del rol de la familia, la crianza y la relación con los hijos. En general el argumento de base que subyace es que los niños están cada vez más abandonados en sus casas, aunque el abandono sea de lujo y protagonizado por la TV, la consola de videojuegos o la interna contratada a los efectos. Evidentemente, si bien no se dice de forma explícita, la culpa debe recaer sobre las madres, que somos quienes hemos experimentado un cambio de rol en los últimos años; los padres han sido siempre los garantes de la economía familiar, lo que les ha venido ocupando siempre el mismo tiempo fuera de casa.
Las medidas que se vienen adoptando en los últimos años, aunque revestidas de modernidad y seguramente necesarias, son insuficientes desde mi punto de vista para resolver este problema. Creo que a estas alturas la incorporación de la mujer al mundo laboral ya no es discutible -con lo cual las llamadas a la ‘pata quebrada’ que se oyen por algunos sitios no deberían merecer crédito alguno. Digo esto porque es una de las alternativas al problema antes mencionado… o a lo mejor no. No sé cuántos de nosotros -generación X- recordamos a nuestras madres una media de 1,5-2 horas sentadas con nosotros ayudándonos en los deberes, o echando el resto para optimizar el diálogo y explicarnos los misterios de la vida, o negociando cada minuto de convivencia. Como decía recientemente un columnista, los padres nos hemos convertido en los ‘parques temáticos’ de nuestros hijos, lo cual contrasta vivamente con esta supuesta idea de abandono.


Lo que sí ocurre es que estamos menos tiempo físicamente en casa. Y
esto ocurre porque vivimos en un mundo profesional que solamente tiene
dos alternativas: o te entregas a tiempo completo al trabajo o estás
fuera del mercado. En este sentido me gustaría romper una lanza por el
esquema de tiempo parcial, que ha sido crítico para equilibrar los
distintos factores sociales en muchos países. La European Foundation
for the Improvement of Living and Working Conditions en su informe de
2007 ‘Part time in Europe’ presenta los datos comparativos, y como
puede imaginarse, España ocupa el penúltimo puesto en trabajo part-time
en Europa, tan sólo seguido de Grecia. Asimismo, nuestro país guarda
una de las mayores desproporciones entre hombres y mujeres, siendo el
trabajo parcial femenino siete veces mayor que el masculino.
El panorama justamente opuesto lo marcan algunos países nórdicos y
Alemania, donde en conjunto la distancia entre hombres y mujeres en
part-time es de 2:1 y las tasas totales de contratos bajo estos
esquemas son muy elevadas (Dinamarca 21,6 %; Suecia 20, 4%; Alemania
20,8%). Estas tasas están superadas de largo por Gran Bretaña, pero
deben considerarse caso aparte por las condiciones de su mercado, mucho
más liberalizado que el de los demás países citados. Creo que merece la
pena recordar que los países citados ocupan respectivamente los puestos
3, 4 y 5 del ranking de Competitividad mundial.
¿Dónde nos atascamos los países latinos -y en particular España- en
esta evolución? De entrada, en la estructura de nuestro mercado
laboral, que se equilibraría sin duda si fuera capaz de liberarse del
paternalismo que lo domina. Evidentemente estamos hablando de impulsos
desde la política pública. ¿Por qué va a adoptar una empresa esquemas
de tiempo parcial, que son manifiestamente más complejos de gestionar
-dejando aparte el coste económico- sin los correspondientes apoyos e
incentivos? Esta reticencia del mercado se ve reforzada sin duda por
otra inercia, ésta de tipo social, que sigue valorando la permanencia
-bien en la oficina o en casa- sin entender los beneficios de los
términos medios y los equilibrios necesarios en un mundo tan complejo
como el actual.
Creo que este tipo de análisis debería ser una de las prioridades del
Ministerio de Igualdad. Dado que se acaba de anunciar la creación de un
Consejo de Participación para mujeres para el próximo año, sería bueno
que se estudiaran estas iniciativas -que indudablemente deben
trabajarse conjuntamente con el Ministerio de Trabajo y otras
organizaciones implicadas. De todas formas, aunque inicialmente las
mujeres abanderásemos este tipo de cambio, no sería más que el primer
paso para la verdadera igualdad en todos los ámbitos: aquella en la que
cada persona elige libremente los esquemas de vivencia de sus roles en
función de sus preferencias, su evolución y su valor de mercado
profesional.

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