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¿También el talento entra en crisis?

Escrito el 13 noviembre 2008 por Cristina Simón en Uncategorized

Tras más de un año largo de discusiones acerca de la batalla por el talento a la que debíamos enfrentarnos, las crecientes malas noticias sobre el impacto de la crisis en la economía productiva ponen sobre la mesa la aparente contradicción que representa un planteamiento de escasez de talento con el vertiginoso incremento de los índices de paro. ¿Cómo resolvemos el dilema?

En realidad, el concepto de talento que se maneja en la mayor parte de estos debates está basado en un puro criterio de mercado. Talento se entiende, así, simplemente como bien escaso. Si hay pocos trabajadores en el mercado para un determinado puesto las empresas obviamente se lanzarán a competir por él, con independencia de su cualificación o valía técnica. Así, hace algunos años se produjo en España un cambio social que generó una gran carestía de trabajadores para puestos en sectores como hostelería o comercio; las condiciones de trabajo no eran interesantes para los trabajadores en busca de empleo, y por tanto no había candidatos para estos puestos. Afortunadamente la inmigración compensó estos efectos, y el mercado se reguló.

Podríamos decir que en este caso el término ‘talento’ es un bonito eufemismo para denominar este ajuste a las leyes de mercado, porque para la mayoría de nosotros la palabra ‘talento’ es mucho más. El talento hace alusión a cualidades muy especiales de las personas, y de hecho en la vida cotidiana usamos la expresión ‘Tiene talento’ con un deje de admiración, para indicar que en un cierto ámbito alguien destaca sobre los demás.

¿Podemos introducir esta acepción de talento de alguna forma en este panorama de crisis? Indudablemente, las empresas quieren gente con talento. Otra cosa es que hayan dedicado esfuerzo y recursos a definir este término y lo que significa para su organización, así como para identificarlo, medirlo e intentar retenerlo. En definitiva, para hacer estrategia de gestión de personas, que es de lo que se trata. Porque las batallas por el ‘talento-bien-escaso’ se libran en el momento, a corto plazo, son de aquí te pillo-aquí te mato. Pero las del talento distintivo no son realmente batallas. Más bien representan estrategia militar, por seguir con el símil. No son reactivas ante un cambio del mercado, son decisiones conscientes de la empresa, internas y a largo plazo. Implican comprender la riqueza que suponen las personas como recursos, y la complejidad que implica gestionarlas de forma que no solamente permanezcan sino que estén dispuestas a desplegar su talento y ponerlo al servicio de la organización. Por tanto, ¿debería seguir habiendo competencia por el talento? Obviamente sí, siempre. Al menos entre aquellas empresas que quieran capitalizarlo. La batalla queda más bien reducida al entorno -esperemos que coyuntural y lo más corto posible- del impacto de la crisis en el mercado laboral.

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