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Del empleo bipolar al trabajador esquizofrénico

Escrito el 5 febrero 2009 por Cristina Simón en Uncategorized

El análisis de la evolución en el mercado laboral americano está generando un debate sobre cómo debe abordarse la relación de empleo desde múltiples perspectivas, de la macroeconómica a la más particular de gestión en cada organización.

Las proyecciones estadísticas en un horizonte de 5-10 años presentan una imagen de mercado laboral altamente polarizado en torno a dos grandes colectivos: profesionales liberales y personal de servicios. Son éstos los grupos que experimentarán un mayor crecimiento. Ambos se ubican en polos opuestos de lo que sería el continuo de ocupaciones: las profesiones liberales requieren en general alta cualificación y están asociadas a salarios altos, mientras que el sector servicios está ocupado por personas de baja cualificación y niveles salariales bajos o muy bajos. Hablamos por tanto de un mercado marcadamente bipolar.

La tecnología juega un papel fundamental en esta polarización, dado que cubre de forma eficaz y barata una buena parte de las ‘ocupaciones intermedias’ -tareas rutinarias donde pueden establecerse normas y protocolos claros, y cuyo criterio de eficiencia es la velocidad dentro de criterios estables de calidad. El crecimiento en el empleo se centrará, pues, en aquellos núcleos de actividad que requieren competencias que -al menos hasta el momento- son única y exclusivamente ‘humanas’: las tareas abstractas y las que requieren habilidades manuales particulares.

Estas son las predicciones macroeconómicas, que suenan bastante realistas de entrada. Ahora bien ¿cómo evolucionan los perfiles del empleado? Pues hacia trabajadores con niveles de flexibilidad y polivalencia extremos, que se adapten rápidamente a las cambiantes condiciones del entorno y estén preparados para adquirir nuevas capacidades y competencias a la velocidad que el negocio lo requiere. Y con niveles de serenidad suficientes como para asumir riesgos altos de sufrir un ERE o un despido. Si a esto le sumamos los múltiples roles que la sociedad actual nos exige desempeñar de forma dinámica a lo largo de cada día (padre-madre abnegado, cuidador responsable del hogar y las propiedades, etc)… pues siguiendo con la metáfora psicopática, se busca un empleado con niveles considerables de disociaciación de personalidad… lo cual podría ser exigible en el ‘polo’ de los altamente cualificados y bien pagados -no porque sean más capaces, sino porque aparentemente compensa-… pero no está tan claro en el extremo opuesto.

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